Historia de la Orden

La Orden de los frailes Siervos de Maria, tiene su origen en el siglo XIII, en plena Edad Media, y fue en la ciudad italiana de Florencia donde se consolidaron los primeros y fundamentales pilares para su formación, una tradición fundada en el documento más antiguo en la historia de la Orden, conocido como “Leyenda de los Orígenes” escrito en 1317, fija como fecha del nacimiento el 15 de Agosto de 1233. Cuenta la legenda que dicha noche unos fieles se encontraban celebrando una vigilia de la Asunción de Nuestra Señora, cuando se les presentó la Santísima Virgen y les comunicó su deseo de que fundasen una Orden para venerar sus Dolores y estar al servicio de los más necesitados, para ello, les dio las reglas de San Agustín y el hábito negro que compadeciera su dolor.

   En este año 1233, Florencia censaba alrededor de unos 40 mil habitantes, dando una idea del empuje y grandeza que alcanzaba, pero se debatía en una lucha fraticida en la que la miseria y la riqueza diferenciaban cada vez más las personas que allí vivían y que ya duraba demasiado tiempo. Los actos turbulentos ocasionados por las herejías de Pataros, Albigenses y de los Valdenses aumentaban y la población se hundía en el caos, la desesperación y las enemistades, ante tan despiadada situación siete amigos, comerciantes optaron por los valores evangélicos de la fraternidad y sintieron la llamada a una vida comprometida y dedicada a los necesitados y para poder llevar a efecto su deseo pidieron el auxilio espiritual y terrenal al Obispo de la Diócesis de Florencia Monseñor Ardingo, que no dudo en ayudarles, dándoles hábito y un lugar a las afueras de la ciudad llamado Porta di Balla donde se establecieron. Repartieron sus bienes entre los más necesitados y se propusieron vivir juntos el Evangelio, llevando una vida de oración de alabanza al Señor y al servicio de los pobres. Según algunos historiadores pertenecían a una congregación religiosa seglar denominada Los Laudenses, dedicada a rendir culto y oración a la Santísima Virgen y al canto lírico de música sacra de la época.

   Nuestros santos fundadores, Bonfilio Monaldi, Bonayunta Manetti, Maneto dell´Antella, Amadeo Amidei, Sostenes, Hugo y Alejo Falconieri, pronto alcanzaron gran fama de caridad y espíritu de unidad con todos los hermanos. Eran visitados por multitud de fieles que solicitaban sus consejos e instrucciones de vida, cada vez su fama se fue extendiendo más. En el año 1250 el legado pontificio concede al Prior Fr. Bonfilio, el permiso de construir una Iglesia en las afueras de Florencia (Cafagio) en la cima del Monte Senario hoy iglesia de la Anunciación, en esta iglesia los siervos reunidos establecen voto de pobreza absoluta.
A pesar de su vida austera y solitaria seguían recibiendo a numerosas personas que subían al monte para aprender de sus palabras y de sus obras. Su fama creció y se les empezó a llamar Siervos de Santa María. Se distinguían por la armonía en sus relaciones, por su sencillo modo de vivir, por la meditación y la referencia continua a la Palabra de Dios, y por su gran devoción hacia la Gloriosa Señora, como solían llamar ellos a la Madre de Dios. De ella, la Sierva del Señor, asumieron el nombre de Siervos, y dieron inicio a una Orden religiosa especialmente dedicada a la Virgen. Su legado de santidad se perpetuó durante los siglos y su espiritualidad ha pasado de generación en generación hasta nuestros días.

 Los que juntos habían vivido llegando a ser un solo corazón, y una sola alma, juntos reposan en un mismo sepulcro en la cima del Monte Senario.

Los Siervos de Maria son cada vez más conocidos, pero hay un acontecimiento que marca un hito en la historia de la Orden, el día 11 de Febrero de 1304, con la bula “Dum Levamus” de Benedicto XI, se aprueba definitivamente la Orden, a partir de su aprobación la Orden se extiende más, se fundan nuevas comunidades en varias regiones de Italia entre las cuales están, Roma, San Eusterio y luego San Marcelo. Al Norte de Italia recordamos también en Milán y Venecia.
El Papa Gregorio XI concede autorización para fundar varios conventos en España y Portugal, en Alemania y Bohemia. En este siglo XIV florecen los estudios que de preferencia se hacen en la Universidad de París donde se funda una comunidad de estudiantes. Con el “Cisma de occidente” (cambio de la Sede Pontificia de Roma a Aviñón en Francia) los estudios se hacen en la Universidad Pontificia de Bologna, Padua, Roma.


Durante el siglo XIV numerosos son los Santos y Beatos de la Orden que han vivido a la escuela de San Felipe y San Alejo, uno de los Fundadores, el primero muerto a fines del siglo XIII, el segundo muerto en 1310, a la edad de 110 años, último de los Siete.
Podemos recordar en orden cronológico de la muerte al Beato Jacobo de Ciudad de la Pieve (Santiago de Villa), al B. Joaquín de Siena, al B. Andrés de Sansepolcro, a los Beatos Ubaldo y Buenaventura, al B. Francisco de Siena, a Santa Juliana Falconieri, al B. Tomás de Orvieto y a San Peregrino Laziosi.

En 1418 se realiza el Concilio de Constancia, donde participaron numerosos teólogos servitas buscando la reconciliación con la Iglesia de Occidente. Muchos de ellos fueron nombrados Obispos de varias ciudades de Italia, otros enviados a Grecia, Turquia, Chipre, Albania, Yugoslavia e incluso a Zaitug en China. El Papa Martín V, con la bula “Sedis Apostolicae Providentía, aprueba en1424 la Regla de la Orden Tercera de Siervos de Maria. Surgen en este siglo varios conventos de Monjas de Clausura Siervas de Maria que reconocen como fundadora a Santa Juliana. Dentro de la Orden, en constante expansión, surge un movimiento llamado de “Observancia” donde se buscaba una mayor perfección y renovación de vida personal y comunitaria, queriendo dar así testimonio de fidelidad a los origenes de la Orden. Este movimiento de “Observancia”, nunca separado de la Orden, se mantendrá hasta 1570.
El fenómeno de la Observancia continúa siendo -en algunos aspectos- un factor de división de la Orden, precisamente cuando se necesitaba la máxima unidad. En efecto, a consecuencia de la Reforma Luterana, se suprimen uno tras otro, todos los conventos de los Siervos en Alemania.
Se advierte la exigencia de una renovación espiritual. Como en otros momentos de la vida de la Orden, para llevar a cabo esta renovación se toma el ejemplo de Monte Senario. El antiguo convento está en ruina y, en 1533, el Prior general Jerónimo Amidei de Luca lanza una llamada a toda la Orden para reconstruir Monte Senario.
Con el generalato de Fray Agustín Bonucci (1542-1553) se inicia la revisión de las Constituciones de la Orden, que tendrán su definitiva formulación en 1580 (sustancialmente las Constituciones que regirán la Orden desde el Concilio de Trento hasta el Concilio Vaticano II). Fray Agustín Bonucci fue también uno de los teólogos más escuchados en el Concilio de Trento.
Durante el gobierno de Fray Agustín Bonucci termina la Observancia y sus conventos se unen con los demás de la Orden. Esta decisión no significa perder los valores de vida religiosa propios de la Observancia, ya que veinte años más tarde (1593) surgirá en Monte Senario una nueva experiencia el interior de la Orden.
Para los Siervos de María el siglo XVII constituye una época de gran vitalidad, además de ser época de Fray Pablo Sarpi, el fraile de la Orden más conocido en Europa.
La Orden se caracteriza en esta época por su influencia en el mundo, adentro y afuera de la Iglesia: numerosos 
priores generales, terminado el periodo de su oficio, son nombrados obispos; un número cada vez mayor de frailes enseñan en las más celebres universidades (Padua, Bolonia, Pisa, Florencia, Roma): nace la llamada “Observancia germánica”, movimiento de reforma al interior de la Orden. Además se extiende la que llamamos hoy “Familia de los Siervos”: aumentan los monasterios femeninos (Venecia, Arco, etc.) se consolida la Tercera Orden, florecen las Cofradías (“Cofradía del Hábito”, que será luego la “Cofradía de los Siete Dolores”.) La Tercera Orden se propaga en España y en América Latina.
Un acontecimiento de gran importancia es la disposición del Papa Inocencio X, por la que se obliga a todas las Ordenes e Institutos religiosos a cerrar los conventos que tienen pocos frailes. Para los Siervos de María esto significa el cierre de unos cien conventos. Consecuentemente mejora el nivel de vida religiosa y la organización de la Orden.
El siglo XVII marca un notable florecimiento de los estudios en la Orden, y la misma disciplina religiosa es favorecida por nobles figuras de priores generales, entre las cuales se origina la del venerable Fray Julio Ma. Arriguetti, ya ermitaño de Monte Senario y que rige la Orden al finalizar el siglo.
El siglo XVIII supone el máximo incremento numérico de la Orden y del inicio de una grave crisis. La primera mitad del siglo se caracteriza por algunos eventos muy significativos. Dos Siervos de María toman parte en la Legación Pontificia (1719-1721) enviada a China para tratar de componer la problemática cuestión de los “ritos chinos “. Al mismo tiempo se publica la segunda edición de los “Anales” de la Orden.
En 1726 es canonizado S. Peregrino Laziosi, y en 1737 Santa Juliana Falconieri. Hacia el año de 1750, la Orden cuenta con alrededor de 3000 frailes.Las corrientes filosóficas de la época (iluminísmo) tienen graves efectos en todas las Ordenes religiosas en Europa. Para los Siervos de María el fenómeno es sumamente grave, porque afecta precisamente los países en donde está establecida la Orden.
En 1772 se inician las supresiones políticas de gran parte de las Ordenes religiosas. Supresiones ordenadas por el emperador José, en el imperio Austro-húngaro, y en la República Véneta. Se ejecuta la supresión definitiva de la Provincia de los Siervos en Provenza (Francia).
En 1778-1779 en todos los territorios italianos ocupados por los franceses se llevan a cabo las supresiones de las Ordenes religiosas; supresiones que se completarán en 1810, con las disposiciones napoleónicas.

Hay que recordar que, en las conferencias entabladas por la Santa Sede y Napoleón, para lograr un “concordato”, tuvo parte activa, y parece decisiva, el siervo de María Card. Carlos Francisco Caselli. Otro Siervo de María será víctima de Napoleón, y acabará fusilado en Ancona en 1809. Es el padre Amadeo Bartoncelli.
Al finalizar el siglo y en los primeros años del siguiente, la Orden de los Siervos de María aparece tan seriamente sometida a prueba por las supresiones, que casi llega a extinguirse.
En 1866 se funda en Roma el Colegio Gandavense de los Siervos, del que se origina la actual Pontificia Facultad teológica Marianum.
El congreso de Viena ofrece la esperanza de una restauración para la Iglesia y para las Ordenes religiosas. Sin embargo, la lenta obra de recuperación queda interrumpida de improviso a partir de 1848, particularmente en Italia.
Las nuevas supresiones (del reino de Cerdeña, primero, y luego del gobierno Italiano) duraron hasta después de la toma de Roma, y redujeron la Orden, en Italia, a poco más de 300 frailes.
El esfuerzo para hacer reflorecer la Orden fue mayor que todas las adversidades. Por obra de priores generales de amplia visión y por la aplicación de las mejores fuerzas de la Orden, se dio inicio a una restauración vigorosa y duradera.
El final del siglo se ilumina con la luz de un acontecimiento de gran importancia para la Orden: la canonización de los Siete Fundadores (15 de Enero de 1888). Al rito asistió el último de los Siervos de María que sería canonizado en 1962 por la Iglesia: Antonio M. Pucci, quien morirá en 1892.
Entre las figuras de siervos de María que más influyeron para restablecer la Orden, hay que recordar al P. Bonfilio M. Mura, prior general y último rector de la Universidad romana (la “Sapienza”), así como al P. Agustín M. Morini, insigne historiador de la Orden.
El siglo XX se inicia, para la orden, con un signo de grande esperanza.
El Capítulo general de 1901 formula el voto para que la Orden pueda volver a comprometerse, luego que sea posible, con las misiones entre los infieles.
Iniciativas en este sentido las hubo ya a mediados del siglo XIX (misiones en Filipinas y Arabia), pero sin éxito alguno.
El siglo XX es, para los siervos de María, el siglo de las misiones; en 1913 se inician las misiones en Swasilandia (Sudáfrica); en 1920 en Amazonas (Brasil); en 1937 en Aysén (Chile) y en 1938 en Zululand (Sudáfrica).
En la primera mitad del siglo XX el compromiso vocacional produce sus frutos, especialmente por obra de los priores generales: el Cardenal Alejo Lapicier (1913-1920), P. Alfonso M. Benetti (1938-1953) y P. Alfonso M. Montá (1953-1965).
La Orden experimenta una imprevista consistencia numérica. Gracias al esfuerzo del P. Gabriel M. Roschini, insigne mariólogo, la Santa Sede concede a la Orden abrir la Facultad teológica “Marianum”, reconocida como “Pontificia” en 1971.
La dimensión mariana es esencial en la vocación del Siervo de María, tal y como lo fue para nuestros fundadores. De la Madre de Cristo, primera discípula, aprendemos a ser como ella discípulos y a vivir en la escucha de la Palabra, atentos a sus llamadas en el secreto del corazón y a sus manifestaciones en la vida de los hermanos. La imagen de Santa María nos enseña a permanecer junto a las infinitas cruces donde su Hijo está todavía crucificado; a vivir y a testimoniar el amor cristiano, acogiendo a cada persona como hermano; a renunciar al oscuro egoísmo para seguir a Cristo, única luz del hombre.