La orden en Málaga

La Orden llegó a Málaga en 1695. Se trataba de una antigua confraternidad Servita que se extinguió en los primeros años del siglo XVIII. Posteriormente, en 1739, el Conde de Buenavista, como veremos más adelante, encarga a los filipenses que promuevan la fundación de la Orden en Málaga, en la Iglesia de San Felipe Neri. La Orden procesiona una única imagen de Virgen vestida de luto riguroso. Esta imagen es obra de Fernando Ortiz del s.XVIII.

De las fundaciones que estableció en Málaga don Antonio Tomás Guerrero Coronado Zapata, Conde de Buenavista, la única que ha perdurado a los avatares y cambios históricos ha sido la Venerable Orden Tercera de Siervos de María (Servitas). Tras enviudar don Antonio Tomás, el noble dedicado a la política, a las armas, el recaudador de impuestos, se transformará en el presbítero que dinamizará la vida religiosa malagueña.

En los años 30 del siglo XVIII cede una casa de su propiedad y la iglesia contigua, alzada a sus expensas, a la orden filipense, por escritura pública ante el escribano Hermenegildo Ruiz, firmada el cinco de junio de 1739, e impone en la cláusula decimocuarta “que atendiendo a lo extendida que está en la ciudad la devoción a los Dolores de María Santísima y cordial afecto que tiene a lo mismo el dicho señor conde otorgante, que el medio más proporcionado para establecer, aumentar y mantener en los secuales tan santísima y útil devoción de los pueblos es fundar en ellos la Venerable Orden Tercera de la religión de los padres Servitas por ser su Instituto peculiarmente fundado para promulgar la devoción y contemplación de dichos sacratísimos Dolores y que la iglesia donada en esta escritura es tan propicia para el establecimiento de  dicha Venerable Orden Tercera no solo por la devota imagen de María Santísima de los Dolores (destruída en la quema del templo en 1931) que dicho señor conde dona… sino también por practicarlo así en otras Congregaciones de San Felipe Neri… y han de ser obligados los padres de dicha Congregación a traer licencia del M.R.P. Provincial de los Servitas y las debidas facultades y con ellas pedir y obtener licencia del señor obispo (a la razón el Cardenal Molina) o de su vicario general, y en virtud de uno y otro erigir y establecer dicha Venerable Orden Tercera, situándola en dicha iglesia principal… y que todo lo referido lo han de ejecutar dentro de dos años contados desde el día de la fecha de este otorgamiento”.
En este documento notarial están los dones fundacionales de los Servitas malagueños, que han permanecido fieles al deseo del Conde de Buenavista y han mantenido el culto y el fervor a María Santísima de los Dolores, en la iglesia de la Santa Cruz y de San Felipe Neri a lo largo de estos 263 años (1739-2002). Diversas vicisitudes hicieron algo proceloso y complejo el proceso por el que el 25 de mayo de 1741 dio el visto bueno el Obispado, y se erigió dicha nuestra confraternidad con las solemnidades debidas el 21 de mayo de 1741. Desde mediado el siglo XIX, con el resurgimiento procesionista que se produce en nuestra ciudad, se integra en el mismo la Orden Tercera de Servitas, procesionando la talla de Fernando Ortiz que regala el filipense Padre Rojas, y desde el primer momento estableció el ritual que ha llegado hasta nuestros días, según podemos leer en la prensa de 1858: “La procesión de Nuestra Señora de los Servitas salió de San Felipe Neri a las ocho de la noche del Viernes Santo. Era una verdadera procesión de penitencia… su paso por la Santa Iglesia Catedral fue un acto grave y solemne…los individuos de la Orden de Servitas, vestidos de penitente con sayo negro, cola y capillo y el rostro cubierto, colgado al cuello el escapulario y pendiente del cinto de charol la corona dolorosa. De trecho en trecho, un sacerdote rezando o leyendo algunos dolores de la Virgen. Ante la hermosa efigie de la Señora iban porción de sacerdotes.” En aquellos primeros años la procesión de los servitas, al igual que las cofradías, lleva escolta militar y banda de música, aspecto este que en los años sesenta del siglo XIX se abandonó, hasta hoy.

Estatutos originales de la orden

El período del denominado Sexenio Revolucionario, será de grave convulsión para la Orden Tercera de Servitas, en primer lugar en pleno fervor revolucionario, tras el triunfo de la Gloriosa en septiembre de 1868, lleva al mes siguiente a la Junta malagueña a decretar la suspensión, entre otras instituciones religiosas, a los servitas; supresión que se debió a la alta cualificación social, económica y política de muchos de sus miembros y a cierto espíritu anticlerical de los revolucionarios, extinción que fue efímera, pues la Orden siguió mateniendo sus cultos internos e incluso, como en el siglo XVIII, la procesión claustral. Es más, en 1873, en pleno fervor del Cantón malagueño y de la Primera República, la Orden Servita publicó un folleto titulado “La Corona Dolorosa y Septenario de los Dolores de María Santísima, según se hace en la Iglesia de San Felipe Neri de esta ciudad, se ha añadido a esta edición la Letanía Dolorosa y el modo de visitar los Sagrario el Jueves y el Viernes Santos”. Otro elemento que ha distinguido a la imagen de la Virgen de Servitas, desde 1897 hasta muy reciente fecha, ha sido la corona luminosa que orlaba su cabeza. Así, en la Unión Mercantil, del 18 de abril del citado año podemos leer “se instaló corona rematada por pequeños focos eléctricos, pero apagados, porque al ir a establecer la corriente para encenderlos en la Iglesia, viendose que el aparato no funcionaba bien y que las bombas no daban luz”.

Se tendría que demorar un año la innovación, pero así a desfilado la Virgen de Servitas durante cien años, hasta la incorporación de una nueva y más liviana corona que no daña la imagen. Será por lo tanto nuestra Virgen y procesión las primeras que lucieron luz eléctrica en la Semana Santa malagueña. Los sucesos del 12 de marzo de 1931, quema de iglesias y conventos, serán profundamente dolorosos, como para el resto de la Iglesia malagueña, para la Orden Servita: en ellos serán consumidos por el fuego la bellísima Dolorosa de Pedro de Mena, donación del Conde de Buenavista, trono, candelabros, altar semidestruído, manto, archivos, etc. Tan solo dos joyas logran salvarse: la venerada imagen de Fernando Ortiz, y un estandarte con los Sagrados Corazones filipenses. Cuando las masas han invadido la iglesia, algunos hermanos consiguen entrar, rompen la cerradura del camarín y de la Santísima Virgen y se la llevan. Parece ser que la ocultan primeramente en una casa de citas existente en la vecina calle Cabello, otros refieren que se la llevaron en un coche de caballos; más tarde se depositaría en la Santa Iglesia Catedral. Los siervos que la salvaron fueron don Francisco Cames, don Leopoldo Werner y don Ricardo Gross Orueta, que años después sería Prior de la Orden.
Los servitas continuaron en esos años rindiendo culto y celebrando el Septenario en la Santa Iglesia Catedral –ya que se colocó nuestra Titular en el altar del Santísimo Cristo de la Agonía- y la Misa de Regla el Domingo de Resurrección. Tras la Guerra Civil, el Viernes Santo de 1937, 28 de marzo, a un mes de haber entrado las tropas del general Franco en Málaga, la única procesión que recorrió las calles de la ciudad fue la de la Virgen de los Servitas, que salió de la S. I. Catedral y fue presidida por el señor Obispo de la Diócesis. Dicho acto se convirtió en un desfile, en parte religioso y penitencial, en parte desfile patriótico, ya que junto a los servitas, miembros de la Agrupación de Cofradías, cofrades de diversas hermandades, sacerdotes y religiosos, participaron la autoridades locales, corporaciones, batidores de la Guardia Civil, Policía Municipal en traje de gala, bandas de trompetas y tambores del Requeté y de la Falange, Pelayos, Centuria de Flechas, etc. Al regreso al templo absolutamente abarrotado, se dirigió al pueblo de Málaga el Sr. Obispo.A partir del año 1940, la Orden fue recuperando su exiguo patrimonio, nuevo trono de Manuel Seco Velasco y Francisco Matito, manto de la solemnidades de la Virgen (15 de septiembre y Viernes de Dolores) obra de la bordadora doña Esperanza Elena Caro y fiel copa del perdido, restauración y ampliación del altar y camarín de María Santísima, obra de García Hidalgo.

Texto realizado por don Eduardo Anguita Galán.

don Eduardo Anguita Galán, fue Prior de la Orden de Servitas y catedrático de Historia, fallecido en el año 2002.