Los siete dolores

Primer Dolor

El primer dolor fue de aflicción cuando, teniendo a su hijo en el templo, oyó de Simeón la profecía en que le dijo que la pasión y muerte de su inocente hijo, sería un cuchillo de dolor que le traspasaría el alma.
Considerada que dolor tan inmenso y como ya en los principios, penetraba su compasión en lo más vivo de su alma, con la muerte que le profetizaban que había de padecer su hijo.
¡ OH madre de misericordia, puerto de nuestra esperanza ! alcanzad otro tanto de dolor de nuestras culpas con las cuales gravísimamente tenemos ofendido a Dios. Mientras nos obligamos en memoria de este dolor, con un Padrenuestro y siete Avemarías.
Después de la lectura de cada dolor se reza un Padrenuestro y siete Avemarías.
– Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ave María Dolorida / sin pecado concebida.
Madre llena de dolor, haced que cuando expiremos nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.

Segundo Dolor


El segundo dolor fue de necesidad y temor, por los muchos que padeció la Virgen, huyendo a Egipto, perseguida de Herodes.
Considera como temerosa y sobresaltada saldría de casa y ciudad de Nazaret, de noche para no ser reconocida, con el disimulo posible, por que su hijo no padeciera a manos de tan cruel y tirana persecución.
¡OH dulce Virgen María!, A ti llamamos los desterrados hijos de Eva para que sirviéndoos humildes, sepamos huir de nuestros enemigos y no perezcamos en la peregrinación. En memoria de aquel dolor, rezaremos un Padrenuestro y siete Avemarías
Después de la lectura de cada dolor se reza un Padrenuestro y siete Avemarías.
– Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ave María Dolorida / sin pecado concebida.
Madre llena de dolor, haced que cuando expiremos nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.

Tercer Dolor

El tercer dolor fue de tristeza y turbación, por haber perdido a Cristo Jesús, en el templo de Jerusalén. Considera como volvería, apresurada , ansiosa y cuidadosa desde Nazaret, para hallar a su hijo que había perdido las lágrimas que derramaría buscándole por las calles y plazas, preguntando a todos por su amado.
¡OH madre piadosísima! perdido hemos por nuestros pecados, a vuestro hijo. Ea pues , abogada nuestra , enseñadnos a Jesús fruto bendito de vuestro vientre pues, buscándole cuidadosa, le hallasteis para que le perdiésemos. Y para más obligarnos, diremos en memoria de este dolor, un Padrenuestro y siete avemarías
Después de la lectura de cada dolor se reza un Padrenuestro y siete Avemarías.
– Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio,
ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ave María Dolorida / sin pecado concebida.
Madre llena de dolor, haced que cuando expiremos nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.

Cuarto Dolor

Fue el cuarto dolor de amargura encontrando a su hijo santísimo que, con la pesada carga de la cruz subía al Calvario. Considerando este dolo, como afligió al dulcísimo corazón de María , señora nuestra, mirando a Jesús con tan pesada carga, que le hacía doblar las rodillas y el cuerpo hasta la tierra; pálido, acardenalado, desangrado, coronado de espinas y tan desfigurado, que no parecía hombre, quisiera la virgen como buena madre , aliviarle , pero no se lo permitieron,
¡ OH dolor y amargura para quien tanto amaba! Dios os salve mar de amarguras , vida, dulzura y esperanza nuestra: dios os salve; aligerad, pues sois poderosa , la pesada carga que tanto aflige a nuestras almas, y gustare cargarnos, para gloria suya. Mientras os ofrecemos en memoria de este dolor, un Padrenuestro y siete Avemarías
Después de la lectura de cada dolor se reza un Padrenuestro y siete Avemarías.
– Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ave María Dolorida / sin pecado concebida.
Madre llena de dolor, haced que cuando expiremos nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.

Quinto Dolor

El quinto dolor fue de congoja y aflicción, por ver morir a su hijo en la cruz. Considera devoto siervo, cuan llena de afanes estaría la dolorida madre, en la ejecución de tan inicua sentencia: Miraba de su hijo, nuestro dios, los pies y las manos, pasados con duros clavos, desamparados no solo de los apóstoles, sus amigos carísimos, sino también de todo consuelo sensitivo.
Oyó sus palabras tan sentidas y el clamor grande con que murió; dando licencia para que después de muerto le abriesen con una lanza cruel el costado.
¡OH refugio de los pecadores y báculo de nuestras flaquezas! a vos suspiramos , gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, rogando nos admitáis por hijo de vuestro dolor, pues fuisteis madre nuestra elegida. Y para más obligarnos, diremos en memoria de este dolor, un Padrenuestro y siete Avemarías
Después de la lectura de cada dolor se reza un Padrenuestro y siete Avemarías.
– Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ave María Dolorida / sin pecado concebida.
Madre llena de dolor, haced que cuando expiremos nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.

Sexto Dolor

El sexto dolor fué de agonía teniendo a Jesús bajado de la cruz muerto en sus brazos. Considera a la virgen María al pie de la cruz, abrazada con su hijo difunto; hecha un conjunto de dolores que, como aguas de espadas le penetraban el alma, y tan llena de agonías, que si no le fortaleciera la gracia, muriera con su hijo. Mira , para compadecerse sus copiosas lágrimas, que bastaban para limpiar el ensangrentado cuerpo.
¡OH buena madre, y como este dolor, haciendo oficio de verdugo, os afligía! por vos se dijo, que no puede haber dolor como el que padecisteis.
Danos pues señora, danos a Jesús, para que lo enterremos en el sepulcro de nuestro corazón. Mientras decimos en memoria de este dolor, un Padrenuestro y siete Avemarías.
Después de la lectura de cada dolor se reza un Padrenuestro y siete Avemarías.
– Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ave María Dolorida / sin pecado concebida.
Madre llena de dolor, haced que cuando expiremos nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.

Séptimo Dolor

El séptimo dolor fue de soledad, habiendo dejado a su hijo enterrado en el sepulcro de piedra. Considera la soledad que la virgen, nuestra madre, y cuan sin consuelo quedo, sin que hubiera quien dignamente pudiera consolarla ni enjugar las lágrimas de sus ojos , triste y llorosa se vuelve a la ciudad, aunque llena de fe, aguardadnos la resurrección.
¡Quien buena madre os consolara! ¡ quien dignamente podrá enjugar las muchas lágrimas de vuestro ojos ! ninguna podrá, si ya no es que lo haga vuestro hijo con la resurrección.
¡ OH , clementísima , OH piadosa, OH dulce virgen María ! así como nosotros nos compadecemos de vuestros dolores y no os dejamos en la soledad, acompañad nuestras almas para que sean dignas de las promesas de Jesucristo; mientras os acompañamos en memoria de este dolor, con un Padrenuestro y siete Avemarías
Después de la lectura de cada dolor se reza un Padrenuestro y siete Avemarías.
– Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ave María Dolorida / sin pecado concebida.
Madre llena de dolor, haced que cuando expiremos nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.